lunes, 2 de julio de 2012

UNA NOTA en EL CIRCUITO DE TEATRO - Las cinco puestas que marcaron a GABRIEL VIRTUOSO

APARECIDA EN http://elcircuitodeteatro.com.ar/nota.php?id=54

por Celia Dosio  
Gabriel Virtuoso es dramaturgo y director teatral. Es maestro de escuela recibido en la escuela “Mariano Acosta”. Estudió actuación con Alberto Fernández de Rosa y Germán González Arquati, radioteatro con Alfredo Duncan e Inés Mariscal, canto con Laura Rejo, murga con Coco Romero y dramaturgia con Marcelo Bertuccio y Alejandro Tantanian. Sigue en cartel Monoparental, escrita y dirigida por Gabril Virtuoso, que se puede ver los viernes a las 21 hs. en el teatro Tadrón.

Dice Gabriel Virtuoso y se excusa: “Hablar de uno, recordando cinco puestas que a uno lo marcaron, parece una trampa biográfica. Caigo en ella con la convicción de quedar en ridículo ante quienes lean estas líneas. 
A los nueve años fui al teatro con mi madre y mi hermana a ver El diluvio que viene(1979 en el Teatro Nacional con José Ángel Trelles y Vicky Buchino) El escenario giraba y los actores caminaban por una calle sobre el escenario. Al final de la obra, ese pedazo de barca que aparecía impresionó de tal manera mi cabeza que perdí los sentidos. Fui feliz viendo a esa gente cantar y bailar. ¿Cómo hicieron lo de la barca? Pensaba. Los actores transpiraban sobre el escenario. El teatro podía competir con la televisión todavía. Esta era en blanco y negro. Por lo menos en mi casa lo fue por mucho tiempo. Salí cantando del teatro y en cada caño de parada del colectivo hacía una pirueta y cantaba “Un nuevo sitio disponed para un amigo más”.
Cuando dejé de hacer teatro en el Centro Cultural “Roberto Arlt” de Flores, año '93, fue porque Luis Roffman me llevó al elenco de Gana con la Ke-ermez una coproducción de la EMAD y el Teatro San Martín, un espectáculo excelente que reunió a grandes talentos y que provocó la envidia de más de cuatro salames teatrales. Yo no iba al teatro en aquella época, prefería lugares más bailables y/o bebibles. Solo quería actuar, no ver teatro, no me interesaba el teatro. Un día fui a ver Madera de Reyes de Ibsen dirigida por Augusto Fernandes, bajo la insistencia de Diego Burzomi, Inés Jordana y un séquito de seguidores de Fernandes. Me impresionó mucho esa puesta en escena. Comencé a entender, viendo esa obra, que me gustaría en algún momento dedicarme a dirigir.
Mujeres de carne podrida de Matías Méndez y José María Muscari me conmovió, años después, por varias razones, por la forma y el contenido del espectáculo, porque el público que la veía era mucho y muy joven y por que mi mujer, Gabriela Villalonga, hacía allí un personaje que me daba miedo cada vez que la iba a ver. La desconocí por primera vez. Me asustó. Todavía hoy cuando revisando cajas viejas me encuentro con el traje de tres tetas de Quasimoda, tengo un reflejo de extrañeza de esa persona que convive conmigo hace ya 16 años y fue capaz, con el resto de las mujeres que actuaban, de provocarme semejante extrañeza. Ese apretado grupo de mujeres hoy esparcen su potencia en escenarios y medios audiovisuales. Matías trabajó mucho tiempo con nosotros después de Mujeres... y a José le perdí el rastro de mi cotidiano.
En el FIBA 2009 vi Hotel Splendid de Lavonne Mueller - Compañía: Cho- In Theatre. Hacía tres años que estaba trabajando en el colegio de la comunidad coreana del Bajo Flores, el Instituto Coreano Argentino, como maestro de 6to y 7mo grado. Fue muy impresionante darme cuenta que la misma cultura nacional podía generar formas tan contrapuestas; belleza y consumo, poesía y tecnología, dureza y denuncia. Me sentí en esos años parte de la cultura coreano argentina, y de pronto ver esa obra donde todo se contaba de una manera tan poética y que el drama que se mostraba trascendía de tal manera la platea me conmovió. Después me echaron de ese colegio, nunca supe bien porque. Las imágenes de la obra, se me mezclan con esos años de trabajo en la frontera argentino coreana del bajo flores.
Comencé a escribir de casualidad, por que Luis quería hacer un infantil y yo le decía que todo lo que me daba para leer era un bodrio. Escribí El rey enano y el INT me premió y lo hicimos mucho pero sin Luis. Ahí nomás me puse a estudiar dramaturgia con Marcelo Bertuccio en el Rojas. No había visto nada de él, como no había visto nada de Alejandro Tantanian cuando estudié con él en los últimos años. Hace unos meses fui a ver el espectáculo musical tangueroEl mono que ladra de Marcelo Bertuccio. Me hizo entender tantas cosas ese espectáculo sobre el sentido que tiene para mí hacer teatro termino agregándolo aquí.
Ahora recuerdo las primeras, las obras de Tito Cossa, Oscar Viale, etcétera que vi, una y mil veces, hechas por vecinos de centros culturales del '89 al '94, cuando yo ya actuaba. En los últimos años, veo teatro todo lo que puedo y casi todo de me despierta interés, emoción y violencia creativa. Últimamente disfruté conmovido de ver de nuevo Abshenta y Rodando de Ale Jacobino, me encantaron Luisa se estrella contra su casa y Ulises de Ariel Farace, sigo firme las producciones del teatro “El desguace”, aplaudo gustoso lo que hace Tolcachir, las obras de Andamio 90. Me río como un niño de las obras que veo todos los años con mis alumnos en La galera de Presa y… tantas y tantas otras cosas que veo constantemente y me siguen pareciendo maravillosas por el solo hecho de ver cuerpos en escena y sentir que siempre hay sitio “para un amigo más” en este mundito teatral.

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